SEXO EN LA TERCERA EDAD

La sexualidad en la tercera edad es un tema que normalmente no se toca abiertamente y forma parte del tabú informativo de nuestra sociedad. Es más, es frecuente que se considere que este tema no existe, porque el sexo es un tema “acabado” a esta edad, lo cual es totalmente falso y “contranatura”.

La mentalidad sexual de las personas no tiene que cambiar conforme se va envejeciendo, no debiendo tenerse vergüenza de exteriorizar el cariño y el amor que se le tiene a su pareja, por lo contrario es un mensaje sublime para las otras generaciones y de que el tema de sexualidad siempre formará parte de todos nosotros.

En el caso específico de los hombres, el problema de la disminución de la capacidad sexual o de la impotencia sexual, puede afectar su sensación de bienestar y calidad de vida, llegando a considerarse, algunas veces, un motivo de vergüenza y de disminución de la autoestima, sobretodo en países como el nuestro, donde culturalmente la sexualidad es muy importante.

El envejecimiento y algunos procesos crónicos (hipertensión, diabetes, problemas cardiacos, etc), pueden asociarse a impotencia o disfunción eréctil, donde la incapacidad moderada o severa, para tener una erección sostenida que permita mantener una relación sexual plena, es la principal característica. Felizmente, en la actualidad podemos abordar mas directamente este tema, con las reservas del caso, pero con posibilidades de éxito terapéutico.

Estados como la ansiedad crónica, la depresión, los problemas neurológicos o sus secuelas, el tabaquismo, la ingesta excesiva de alcohol, o el uso de determinados medicamentos pueden ser causa importante de impotencia. Otras causas son la cirugía de la próstata o del pene, así como terapias contra el cáncer (radioterapia, cirugía) de estos órganos o de la vejiga, colon y recto.
Es importante tener en cuenta, que la impotencia sexual o disminución de la actividad sexual, no siempre es de causa física, ya que existen numerosos casos de impotencia sicológica, debido principalmente al estrés emocional o a la preocupación de la posible falla durante el acto sexual, pudiendo esto presentarse en algunos momentos y no ser constante.

En el caso de las mujeres, los bajos niveles de hormonas sexuales pueden disminuir la libido y la humedad vaginal, afectándose la lubricación necesaria durante el acto sexual y produciéndose dolor (dispareunia) o dificultad, con el posterior rechazo a nuevos acercamientos sexuales.
La presencia, sobretodo en las mujeres, de problemas osteoarticulares a nivel de las caderas, rodillas o columna vertebral, pueden limitar la actividad física sexual, ya sea por la imposibilidad de realizar determinados movimientos o posturas, o por la generación de dolor.

No debemos olvidar, que cuando las personas no se sienten bien, probablemente en lo que menos piensen es en el sexo, sin que esto signifique que las personas sean impotentes. También es importante tener en cuenta, que el orgasmo puede ser menos intenso comparado cuando se es joven, pero que la experiencia de la pareja les permitirá complementarlo satisfactoriamente con caricias u otras acciones.
En el manejo de los problemas de sexualidad en ambos sexos, es importante la evaluación psicológica de la pareja en conjunto. No es infrecuente que el hombre o la mujer oculten sus problemas sexuales, inclusive a sus parejas, por vergüenza o por recato y que esto se muestre como una depresión escondida, lo cual agravará el problema.
El médico, además de conversar abiertamente con ambos, deberá evaluarlos físicamente, medirá sus niveles hormonales y descartará que los problemas no se deban a la presencia de alguna enfermedad o a su tratamiento.
Actualmente existen una serie de medios terapéuticos para apoyar a las personas de la tercera edad, a llevar una vida sexual normal y placentera, derecho que les permite Dios y la naturaleza.

NO OCULTE SUS PROBLEMAS O LIMITACIONES SEXUALES, BUSQUE APOYO MEDICO!

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